Capítulo 23... ¡Al fin :D!
Imaginen que en el cap anterior aun no hubieras hecho la cena :P, y perdónenme un montón por TOOODOOO este tiempo que no he subido, no se me ocurría N-A-D-A! Pero aún así no es excusa u.u, así que aquí les dejo este cap, si no quieren no comenten, las entiendo :/, solo quiero que se quiten la intriga :P, de la que seguro ya se olvidaron -.-', hahaha aquí va!
Pensaba una y otra vez en ese caso. ¿Una amiga de mi madre? Me era imposible creer que yo no la recordara. Aunque, también podía ser...
Cuando vi el reloj me di cuenta de que ya era muy tarde, ¿me había pasado cuatro horas meditando? Pues bien, era una cosa simple de explicar, ¿pero de comprender? Y... ¿Por qué mi padre se había puesto nervioso al decir: "tu madre"?
... De cualquier forma, ella no podía seguir viva, ya no la sentía. Además, ella habría venido a buscarme, ¿no? Era una buena mujer, hasta donde yo sabía... ¡No! ¡¿Qué estoy diciendo?! Claro que lo era, ¡era mi propia madre!
Bajé casi cayéndome por las escaleras y me dirigí hacia la cocina a preparar la cena. Lo había olvidado por completo.
Las hojas del viejo árbol que estaba frente a la ventana caían y eso se podía oír fácilmente por toda la tranquilidad de la calle. ¡Crack! Resonó una grande. Sonreí y me sentí aliviada... ¿aliviada? ¿Por qué ha de haber sido así?
Llené la olla de agua y luego cerré el caño. La puse a hervir y espere unos diez minutos. Luego de esto tomé la pasta y la introduje. Elevé la intensidad del fuego y luego caminé hasta mi cuarto dejando que los fideos se cocinaran solos.
Prendí la computadora y decidí revisar el correo, pues hace mucho no lo hacía. Encontré otra carta y de la misma supuesta señora. "¿Qué?", me pregunté a mí misma. Esto se estaba volviendo terrorífico, pero decidí leerla.
Hola, _____(tn):
Pues tu padre me ha contado que días anteriores a los que estabas con ese tal chico, eran difíciles. ¿Tanto has cambiado? Ansío el día de ir. Ansío también poder verte ya grandecita. Y quiero que nos volvamos amigas... GRANDES amigas.
Puso énfasis en esa frase... ¿grandes amigas? Solté una risa, pues eso me era difícil.
También quiero mostrarte fotos, de ti y yo juntas. Cuando eras todavía pequeña. Yo te cargaba en mis brazos y hacía que tu cabeza se recostara en mi pecho.
Me estremecí. No era cierto que no pudiera recordarla... no era cierto. No quería creerlo, pero millones de términos aparecían en mi cabeza.
Es triste la idea de no poderte haber visto en tus días de adolescencia y juventud. Pero así es la vida. Uno de estos días te voy a definir la fecha y la hora en la que iré. Tu padre ya me ha dado tu dirección. Y por lo que sé, estudias en una buena escuela.
¿Qué más le importaba a ella?
Debo irme _____(tn), por favor, recíbeme de una buena forma, jajajá. Sé que te acordarás de mí. Adiós y besos.
Concluyó. Pero eso era difícil, ¿aceptarla, recibirla? ¿Cómo qué? ¿Cómo una tía querida? Para nada, esto yo lo iba a remediar.
-Papá -le llamé, cuando ya estaba frente a su sofá, donde él estaba sentado viendo un partido.
-¿Qué sucede? -me preguntó sin desprender los ojos de la televisión.
-Eehh... -pensé en vos alta, dubitativa. No quería decírselo de una vez. Quería lanzarle indirectas hasta que él comprendiera-. ¿Quién es esa amiga de mi madre? -¡Rayos! Me sentía tan nerviosa que solté la frase rápidamente.
-¿Quién es? -me preguntó. Levanté las cejas, pues ya había volteado a verme, tal vez por la "importante" pregunta-. Pues, ya te lo dije, eran muy unidas y ella te quería como su propia hija.
-¿No tuvo una?
-No -aclaró. Se paró y caminó rodeando el sofá para luego poner una mano en mi hombro.
-¿Y por qué no? ¿Era fea? -bromeé riendo a carcajadas.
Volteó la mirada, estaba totalmente perdido. Sus ojos tenían un brillo inigualable. Igual al de una muchacha que había visto en el instituto mientras miraba a Nicholas.
-No. Era hermosa -bajé un poco la cabeza mientras lo miraba indignada. ¿Hermosa?-. Muy hermosa -concluyó. Está bien... Esa fue la gota que derramó el vaso.
-¿Y recordabas que tenías una esposa? -le pregunté, obviando.
-Pues sí, y mucho. Yo la amaba como a nadie -Iba perdiendo el brillito que me gustaba ver.
-Estoy confundida -traté de investigar, pero no funcionó-. ¿Te gustaba esa mujer y amabas a mi madre... al mismo tiempo?
-Buen término -¿Qué? Fruncí el ceño-. Sí, tienes toda la razón. Ahora anda a terminar la cena porque está comenzando a oler a quemado -tenía toda la razón. Caminé rápidamente hacia la cocina pensando en lo que le hombre sentado frente al aparato me había dicho. Intenté hacer ambas cosas al mismo tiempo, pero no funcionó. Choqué contra la pared dándome un fuerte golpe en la cabeza. Abrí los ojos más de lo normal a causa del dolor, toqué mi sien y seguí mi camino.
Apagué el fuego y felizmente solo se habían quemado algunos de los fideos.
Serví la comida pero solamente en un plato, pues no sentía mi estómago vacío.
-¿Puedo irme arriba? -le pregunté a mi padre cuando ya se encontraba sentado en la mesa enrollando el tenedor en la pasta.
-Sí, no hay problema.
-Gracias -le dije.
Subí sin hacer ruido alguno pues no llevaba zapatos, andaba descalza. Cerré la puerta con pestillo.
Caminé hasta mi ventana con una leve sonrisa esperando la llegada de mi amado, por así decirlo. Me volteé luego de solo un minuto y concluí en que no vendría. Al subir la mirada luego de un feo pensamiento, lo vi frente a mí con sus hermosos ojos color oro a causa de su especie. Su cabello rizado se adentró en mis pensamientos, nada más que eso. Llevaba una camisa de mangas que le llegaban hasta el codo y un pantalón jean. Le sonreí y el a mí también, pero más sencillo. Me acerqué a besarlo, tomándolo de la nuca con la palma izquierda, y él no me paró ni me tomó del brazo tratando de hacerlo. Más bien, me tomó de la cintura con un brazo y no tuve idea de en donde habría puesto el otro. Caminé en puntitas pues él era más alto que yo. Mientras el retrocedía, yo obtenía más ganas de compartir con él esa noche. Llegó un momento en que se sentó y tuve que sentarme sobre sus piernas, estando los dos completamente pegados. Puso, ésta vez, ambas manos sobre mi cadera y sentí una corriente recorrer todo mi cuerpo, se sentía tan bien. Luego llevé mis manos hacia su pecho y me apoyé en su cuerpo haciendo que este bajara hasta tocar totalmente la cama.
Él apretó mi cintura acariciando lentamente mi espalda. Parecía haber cambiado totalmente de ideas, o tal vez no había resistido la sensación de acostarse con una mujer.
Mordí levemente su labio inferior y sentí como sonreía besándome a la vez.
Lentamente fui abriendo uno por uno sus botones para luego poder retirar su camisa. Su perfecto pecho estaba bien contorneado. Era musculoso y su cuerpo era escultural, eso no ayudaba a que yo parase. Acaricié sus mejillas con mis pulgares y también su cabello. Luego se paró rápidamente y sin dejarme ni mover un dedo me puso contra la pared. Subió la camiseta que traía puesta yo e inmediatamente comenzamos a movernos otra vez. Tomé su cinturón entre mis manos y lo saqué de en medio. Luego comencé a bajar el cierre de su pantalón y también lo desabotoné, pero no tuve tiempo de terminar pues, de una forma fugaz, él ya estaba bajando mi jean.
La guerra de lenguas había sido desde un principio muy tierna y llena de amor... Eso era notorio y podría adivinarlo sin necesidad de sentirlo, sin sentir mis labios sobre los suyos, sin necesidad de tocarlo... Sin necesidad de nada.
Paré por solo un momento para tomar aire. No era cierto que uno no pueda respirar cuando estuviera besando a otra persona, pero a mí se me hacía algo difícil, pues el prácticamente me estaba absorbiendo. Pues, definitivamente él quería que esto sucediera, ya que comenzó a besarme el cuello y yo gemí intensamente, pero sin hacer mucho ruido. _____(tp) tenía oídos de murciélago.
En un punto en el que yo ya me sentía más animada que en el principio, ya que los dos estábamos solamente en ropa interior. Subió sus manos suavemente por mi espalda acariciándola tiernamente. Luego tocó mi sujetador, pero dudó y retiró sus manos.
Besé su oído y volví a besarlo teniendo mis manos en sus mejillas, y así de esta forma le comuniqué que yo quería que sucediera esto tanto como él.
Me respondió de una forma muy buena. Me sacó el brasier y yo solté su rostro para que pudiera quitarlo completamente. Los dos nos echamos lentamente sobre la cama y Nicholas acarició mis piernas lentamente para luego bajarme de poco a poco la única prenda que tenía puesta. Ahora solo faltaba él... Para mi suerte solo llevaba unos boxers, y sinceramente se le veían muy bien, tanto así que me dio nostalgia quitárselos.
Ya se encontraba sobre mí... Era difícil pensar que después de un largo día de misterios, ahora mismo esté a punto de hacer el amor con el ser que más amaba en el mundo... En el universo.
Él puso una mano en mí mejilla y me replicó:
-No... -su rostro se tornó preocupado y se levantó un poco. Respondí dándole un enorme beso que duró aproximadamente diez segundos, lo cual era mucho aunque no pareciera.
-¿No? -le pregunté lo más dulce que podía ser.
-No quiero que arruines tu vida -mi corazón sintió miles de agujones.
-¿Arruinar mi vida? ¿Cómo puedes decir eso? -respondí calmada.
-Si hubiéramos terminado esto, lo sabrías.
-¿Saber qué? -pregunté confusa. Lo amaba más que a nadie y no soportaba que me dijera esas palabras... Que más lo herían a él que a mí.
-Que... Bueno, no quiero que hagas esto tan joven... Ni que te sientas obligada -solté una risa a lo que él me miró desconcertado pero lo sabía disimular, y más que nada parecía estar completamente despreocupado.
-¿Obligada? -volví a reír-. No me siento obligada -lo besé nuevamente y le hice saber con tan solo un ósculo que no debía preocuparse de nada.
Me tomó desprevenida al echarse nuevamente sobre mí y besarme. Sonreí y le correspondí... Se pegó mucho más. Ni un poco de aire pasaba por medio de nuestros cuerpos.
Todo estaba obscuro. Cerré los ojos y Nicholas besó mi cuello succionándolo de forma salvaje. Se alejó sentándose sobre la cama y entonces me di cuenta de lo que haría. Abrí mis piernas muy lentamente para que él no se diese cuenta y no creyera que estaba loca por hacer esto.
Sentí el comienzo de su erección rozar contra mi matriz. Fue entonces cuando sentí como su miembro entraba en mí... Lentamente, rozando con mi interior. Debido a que es mi primera vez sentí un dolor muy fuerte, pero lo único que pude hacer fue gemir en bajo volumen. Para mi suerte lo que predominó en su entraba fue el placer, tanto deleite que tuve que arañar la frazada ya mal tendida sobre mi cama. Nicholas continuaba con su entrada y mis gemidos no paraban, pero claro, él no se quedaba atrás, gemía junto a mí. Salió de forma más rápida de la que entraba y la satisfacción fue totalmente genial. Sentí como su miembro sobaba el interior de mi matriz y aquello me llenaba de mucha excitación.
-¡_____(tn)! -gritó Frank (tu padre) desde la planta baja.
Nicholas y yo nos quedamos quietos esperando a que el hombre subiera y tocara la puerta, para eso ya me encontraba nerviosa, muy nerviosa. Sin embargo Nicholas no lo parecía, aunque yo sabía que sí pues siempre escondía sus sentimientos.
-¡Voy de visita a la casa de Roger!... ¡Vendré tarde así que no me esperes!
-... Mucho mejor -dice él, noté como sonrió Nick y yo reí.
Se oyó desde abajo el sonido de un estruendo, la puerta cerrarse. Sonreí y le dije a Nicholas:
-No conocía esa parte de ti, Nicholas -río.
-¿Parte?
-Depravado -digo con una sonrisa maliciosa, pero él no podía verme, supongo yo.
Rió y se acercó para besarme, debido a esto tuvo que entrar más en mí, lo que hizo y cuando ya me estaba besando gemí sobre sus labios. Salió solo un poco y esta vez fue él quien gimió sobre los míos, y por consecuente, yo también. Se alejó mucho más haciendo que su miembro saliera casi completamente y el gemido que solté en este momento fue mucho más fuerte.
-¡Ah! ¡Nicholas! -grité demasiado excitada y desesperada encorvando mi espalda y tomando con cada mano sus brazos y apretándolos con los dedos.
Y otra vez entró haciendo que pusiera mis ojos en blanco.
-¡Mmmf! -gimió fuertemente. Salió rápidamente y puso las dos manos bajo mi espalda para atraerme más a él, pero debido a su potente fuerza, me hizo daño.
-¡Ah! -traté de alejarme poniendo las manos en su pecho.
-¡Perdóname, perdóname! -se alejó pero sin salir de mí.
-No... No te preocupes -tomé sus mejillas para así calmarlo y expresarle que todo estaba bien. Lo acerqué lentamente y lo besé. Me correspondió luego de unos segundos y apoyó sus manos en la almohada, a cada lado de mi cabeza.
-... Te amo... -dijo dulcemente... Lo cual me dejó completamente helada. Ni una vez, en mucho tiempo, me había dicho aquellas dos palabras que significaban tanto para una persona. Y Nicholas supo elegir el momento preciso. Entró nuevamente y gemimos los dos de forma placentera.
Posó sus manos en mi cintura y me atrajo más hacia él pero esta vez teniendo muchísimo más cuidado. Salió y entró, otra vez, con más fuerza haciendo que este roce me produjera el regocijo más agradable que alguna vez pudiera sentir, es decir, nunca en mi vida sentí algo ni siquiera parecido a lo que estoy sintiendo ahora.
-¡Mmm! ¡Aahh! -llevé mi cabeza hacia atrás con la boca abierta debido al placentero momento.
-¡Mmm! ¡Mmm! -Nicholas gemía junto a mí mientras que me jalaba más de la cintura como queriendo acercarme mucho más a él, pero era imposible, lo cual me desesperaba porque yo quería estar completamente pegada a su cuerpo, ser uno solo. Tenerlo completamente dentro de mí.
Salió nuevamente y enredé mis piernas en su cintura avecinándolo más a mi parte íntima, de esta manera hice que entrara en mí de forma rápida y con fuerza, lo que hizo que soltásemos un grito al unísono y siguiéramos con lo nuestro.
Puso ambos codos a los costados de mi cabeza, por lo tanto nuestros labios estaban a centímetros o menos que eso. Salió y entró mientras que gemía sobre mis labios y lamía mi labio superior. Subí otra vez la cabeza y Nicholas beso mi cuello succionándolo nuevamente. Puse mis manos en sus hombros y apliqué fuerza tratando de bajar más su cuerpo y que entrara mucho más de lo que ya estaba, pero era imposible ya que hasta sentía sus muslos contras los míos.
Salió y entró. Gemimos fuertemente. Luego el cogió mi cintura y se fue hacia atrás quedando, así, echado y yo sentada sobre su cadera. Comenzó a acariciar suavemente mis piernas pero no demostrando ser un hombre loco por sexo, sino un muchacho que amaba a la chica con quien hacia el amor. Esto hizo que me estremeciera y me enterneciera, me eché sobre su pecho y, tomando su rostro, pegué mis labios contra los suyos y ambos introducimos la lengua en la boca del otro. Me senté nuevamente sobre él y comencé a hacer movimientos en círculos con la cadera. De pronto comencé a dar pequeños saltitos leves que no terminaban bruscamente, a lo que él no pudo resistirse a gemir complacido. Puse las manos a cada lado de su abdomen y empecé a ir hacia adelante y hacia atrás haciendo que nuestros vientres se masajearan entre sí.
-Aahh... -gimió apretándome más contra él.
-Mmm... -seguí con mis movimientos. Lo jalé de la nuca y lo llevé hacia adelante, yendo yo, hacia atrás. Nuevamente hice que se sentara sobre mí pues más me gustaba cuando él tenía el control.
Me besó poniendo una mano en mi mejilla y entrando nuevamente.
-¡Aaahh! -arqueé mi espalda haciendo que los pezones de mis senos rozaran contra su pecho lo que hizo que mi cuerpo absorbiera más excitación.
Luego de ese largo momento lleno de romanticismo, comenzó con los movimientos un poco más salvajes y fuertes. Tomó otra vez mi cadera y salió y entró, salió y entró rápidamente ofreciéndome el momento más delicioso.
-¡Mmm! ¡Fff! ¡Más rápido! -no pude evitar decir. Era lo que quería, que llegara a penetrarme hasta cien veces por minuto -¡Más rápido! -grité casi como una orden.
Me obedeció y comenzó a salir y entrar más ágilmente de lo que yo pudiera imaginar... O de lo que ambos pudiéramos imaginar.
-¡Aahh! -gimió llevando su cabeza hacia atrás.
-¡Mááás! -grité completamente fuera de control... Pero él me obedeció.
Fue mucho más rápido, creo que sí llegaría a entrar cien veces en mí en poco tiempo... ¡Ahora yo quería que lo hiciera mil veces!
-¡Nicholas! -grité su nombre descontrolada debido al exquisito sabor, por así decirlo, que se acumulaba dentro de mí... Entonces, me di cuenta de que todo el tiempo que estuvimos haciendo esto no fue desperdiciado, ya que una fuerte corriente recorrió mi cuerpo proporcionándome un sentimiento inigualable... Un orgasmo, el clímax, como quieran llamarlo, pero lo mejor de todo fue que lo hice con Nicholas.
Al parecer este sintió la misma corriente que yo, pues dejó de realizar sus ágiles movimientos. Pero, ojo, no salió de mí. Se echó, aunque no completamente, sobre mi pecho y lo besó. Luego se acercó a mis labios y fui yo quien lo besó apasionadamente declarándole en él todo mi amor. Nicholas sonrió mientras yo lo seguía besando y, por última vez, salió... Y entró levemente, aunque, que su movimiento fuera despacio no quitaba lo excitante, por lo tanto gemí:
-Mmm... Te amo... -llevé mi mano hacia sus hermosos y castaños rizos acariciándolo y enredándolos con mis dedos.

Gracias por leer!, cuidense mucho!... ¡LAS QUIERO MUCHO!















